EN AÑO 1864

Narracion de La batalla


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LA BATALLA DE SAN PEDRO

22 DE DICIEMBRE 1864

 

LA MAÑANA DEL DÍA 22

Formó el enemigo su línea de batalla, entre la carretera y un vallado, á doscientos metros de nuestro campo según el Boletín de Noticias del Estado, y á 400, según el parte oficial de Rosales, colocando traidores en su izquierda, en su derecha franceses con dos obuses de montaña y en su centro argelinos y mexicanos.

El Coronel Rosales colocó en su centro cuatro piezas de artillería de montaña dirigidas por el teniente Evaristo González y un trozo de infantería, enfilando el camino carretero. En la izquierda situó el batallón mixto, mandado por su comandante. C Jorge García Granados, y dos piezas ligeras. A la derecha desplegó el batallón “Hidalgo”, a las ordenes del Coronel Correa. La caballería quedó de reserva.

Tales eran las posiciones de los dos ejércitos el de comienzo verdaderamente la batalla. Más de media hora duró el fuego del fusil y de cañón. Los franceses intentaron en seguida apoderarse de las dos piezas de artillería de nuestra izquierda por medio de un poderoso empuje, que contuvo el intrépido García Granados, haciéndolos retroceder en desorden. Desgraciadamente en esos momentos fue herido en el vientre a quema-ropa por una bala de pistola. Una carga de la reserva hizo volver a sus posiciones a los franceses. Continuó la acción más reñida que nunca, señalándose en tan críticos instantes el memorable hecho del Capitán Martín Ibarra, que con una audacia maravillosa llega intrépido hasta una pieza de artillería del enemigo y la laza. El Coronel Rosales ordeno entonces que toda la brigada cargará a la bayoneta. Este ataque se ejecuto con precisión y brío y en él murió gloriosamente el malogrado Capitán Fernando Ramírez, al frente de su compañía, mientras gran número de nuestros soldados, tirando el fusil por no saberlo manejar, se empeñan en tremendas luchas cuerpo a cuerpo con los fieros argelinos.

El comandante Miranda y Castro, mayor a la brigada, que fue a apoyar a Ramírez, se condujo con tal bizarría en el desempeño de su difícil movimiento, que mereció los elogios de todos sus compañeros de armas

El joven José María Bucheli, ayudante de Rosales. El jefe del Estado Mayor Jorge Green, el mayor del “Mixto” José palacios, que se sucedió en el mando a García Granados y el capitán graduado Lucas Mora, se distinguieron notablemente en el vigoroso ataque ordenado por Rosales. El enemigo, sin abandonar su actitud imponente principió a perder terreno, sosteniendo una tenaz retirada por más de media legua y durante tres horas, hasta que las cargas dadas por el escuadrón de Tolentino acabaron de decidir el éxito de la batalla.

Los destrozados restos de la expedición clavaron sus armas en los márgenes del río Culiacán, claro testigo de su derrota, cruzaron los brazos en la espera de la muerte, Gazielle entrega la espada a Rosales, quien le dijo benévolo: “Guardadla, comandante, sois muy digno de llevarla.” Un teniente argelino quiso besar la mano del héroe, pero este la retiro diciéndole:

“En mi país no se acostumbra besar la mano a los hombres “y la patria tuvo una fecha más que inscribir en el índice inmortal de sus aniversarios.

El día 23 de diciembre Rosales entro triunfalmente a la ciudad, para susto de los imperialistas que habían preparado un banquete para los galos, el héroe acuartelo sus tropas en edificio seminario, que aparte sirvió de hospital de sangre.